A simple vista, no existen dos objetos más diferentes: una robusta botella térmica de acero inoxidable y una pequeña pastilla blanca de Aspirina. Una representa la durabilidad y la fuerza; la otra, la química y el alivio.
Sin embargo, si rascamos la superficie de la historia industrial, descubrimos que son "primos hermanos". Ambos nacieron del mismo lugar, de la misma energía y del mismo momento histórico.
Hoy, en el blog de IRISANA, dejamos de lado por un momento las propiedades térmicas de nuestras botellas para contarte la increíble historia de cómo la búsqueda del mejor acero acabó curando el dolor de cabeza de medio mundo.
El corazón de la historia: Las cuencas mineras
Para entender este vínculo, tenemos que viajar al norte de España, concretamente a Asturias, a las cuencas mineras del Nalón (Langreo y La Felguera). Desde finales del siglo XIX, esta zona se convirtió en el motor industrial del país.
Allí se instalaron gigantescos altos hornos y acerías (los antepasados de la actual ArcelorMittal) con un objetivo claro: producir acero.
Pero para fabricar acero se necesita un combustible muy específico: el coque, un derivado del carbón. Y aquí es donde empieza la magia. Al procesar el carbón masivamente para alimentar a la bestia siderúrgica, la industria se encontró con una enorme cantidad de "sobras" o subproductos.
¿Qué hicieron con ellos? No los tiraron. Crearon una nueva industria.
.png)
Museo Musi de La Felguera (Foto propia)
La alquimia industrial: De residuo a remedio
La relación entre el acero y la aspirina no es mágica, es química pura.
Durante décadas, el proceso de coqueificación del carbón (hornear el carbón para usarlo en la fundición de acero) liberaba gases y líquidos ricos en compuestos orgánicos:
- Alquitrán de hulla: Un líquido oscuro y viscoso que aparecía en las plantas de gas y coque.
- Benzol (Benceno): Una fracción ligera extraída del gas del coque.
En 1942, en plena posguerra, se fundó en La Felguera la empresa Proquisa. Su ubicación no fue casualidad: se instalaron allí para aprovechar esos derivados que la industria del acero generaba a toneladas.
Los químicos descubrieron que del benzol y el alquitrán se podía aislar fenol. Y el fenol es la pieza clave, el ladrillo fundamental, para sintetizar el ácido salicílico.
Así, de las chimeneas que levantaban vigas de acero, surgió también la base química para fabricar ácido acetilsalicílico (AAS), el principio activo de la Aspirina.
.png)
Espacio Bayer en el Musi de La Felguera (Foto propia)
Un récord mundial en Asturias
Con el paso de los años, la multinacional Bayer integró esa planta en su estructura. Aunque la tecnología ha cambiado y hoy en día los precursores químicos (como el fenol) ya no se extraen del carbón local, sino que se importan de la industria petroquímica global, el legado permanece intacto.
De hecho, existe un dato que muy poca gente conoce y que da vértigo:
"La planta de Bayer en La Felguera produce el 100% del principio activo de la Aspirina para todo el mundo."
No importa si compras una caja de aspirinas en Nueva York, en Tokio o en Buenos Aires. El "polvo blanco" que hay dentro de esa pastilla ha salido de la misma cuenca minera donde nació la siderurgia española.
Caminos separados, mismo origen
Hoy en día, la siderurgia y la farmacéutica han separado sus procesos técnicos.
- Por un lado, ArcelorMittal en Asturias sigue produciendo una cuarta parte del acero de España, manteniendo viva la llama de la siderurgia integral.
- Por otro, la planta química sigue exportando salud al mundo.
Ya no dependen la una de la otra como antaño, pero siguen compartiendo territorio y, sobre todo, una historia de ingeniería y aprovechamiento de recursos que definió el siglo XX.
La nobleza del acero (y por qué nos gusta tanto)
En IRISANA, nos fascina esta historia porque demuestra que el acero es mucho más que un metal frío. Es un material que ha sido testigo y protagonista del avance humano.
La industria del acero no solo nos ha dado las estructuras de nuestros edificios, los puentes que cruzamos o las botellas reutilizables que nos ayudan a reducir el plástico hoy en día. Su desarrollo impulsó la ciencia química hasta puntos insospechados.
Cada vez que rellenas tu botella de acero, tienes en tus manos un material con un legado histórico inmenso. Un material noble, infinitamente reciclable y cuya historia está entrelazada, curiosamente, con la pastilla que nos quita el dolor de cabeza.
¿Te ha gustado esta curiosidad?
Si eres fan de los materiales duraderos y con historia, echa un vistazo a nuestra colección de botellas de acero inoxidable de grado alimenticio. Resistentes, seguras y herederas de una gran tradición industrial.